Hazte periodista: si lo superas, juzga

Trabajo rápido: el tiempo es oro. Vengo de la prensa escrita (allí me encontraba entre los lentos) y para mí el reloj apremia siempre: muevo pestañas a gran velocidad en mis pantallas y mientras redacto una actualización en Facebook pienso en que he olvidado llamar a un cliente y aprovecho para tomar notas en un papel. Me cuesta asumir que no puedo hacer frente a decenas de trabajos en una jornada. Es herencia de cualquier medio esa idea que alimentamos a diario, esa de no llegar al cierre. He sido la profesional a la que te has permitido insultar sin saber y estoy cansada de que maltrates a mis compañeros.

Hoy mi trabajo es mi vida, es una apuesta muy seria a la que dedico todos mis esfuerzos. No soy una excepción, no: a ello nos han conducido. Somos muchos los que casi vivimos para trabajar en el mundo de la comunicación, los que recibimos whatsapps de clientes o fuentes en plena madrugada, los que asumimos labores que no nos competen. En nuestros fines de semana, vemos los mismos accidentes que tú, sentimos al presenciarlos la angustia, los nervios y la tensión en el estómago: hay noticias que preferiríamos no contar y, con todo, hacemos frente al esperpento para que la información se publique. El dolor que provoca relatar ciertos acontecimientos es desconocido para el público: si piensas que somos aves carroñeras, te aclaro que es probable que el carroñero seas tú por no ir un poco mas allá y ejercitar tu cerebro. Hay algún mierda que saca partido a la tragedia, sí. La mayoría de nosotros la presencia y le da formato de noticia. Cuando tú eres testigo de un siniestro y tapas los ojos de tu hijo, el periodista hace lo mismo y asume que, en cuestión de segundos, ha de ponerse su mono de trabajo.

Sin periodistas no hay periodismo

Asociación de la Prensa de Madrid.

Elegimos en su día ser periodistas o dedicarnos a la comunicación. Hemos estudiado o nos hemos formado -no sufro titulitis, no- y hemos soportado lo insoportable. Desde hace años asistimos a un proceso de linchamiento de los profesionales de quienes aprendimos: todos a la calle. Yo me vi en el Inem a tiempo de reciclarme. Con más de 50 tacos, es complicado.

Para disfrutar de un par de días libres tenemos que dejar hechas neveras, que son un trabajo cruel. Una nevera, para que lo sepas, es una información que un redactor deja preparada y que no caduca. Permite que el periódico no se resienta porque falta un profesional cuando le toca descansar. Es una imposición más dura que llevarse el trabajo a casa. ¿Las ideas para las neveras llegan por mail? No, no: te las curras unas jornadas antes de marcharte, es decir, las sumas a tu trabajo diario. ¿Conocías la existencia de las neveras? Pues si quieres te cuento más cosas que no sabes.

Aprendemos nuevos formatos cuando nos lo exigen, vamos a ruedas de prensa en las que no se admiten preguntas porque sabemos que hay entre nosotros algún mierda que se vende (en qué oficio no lo hay) y discutimos con todo el mundo a todas horas. Nos toca, además, trasladaros lo bueno y malo de quien dirige el país, la autonomía y el gobierno local. Constituye un auténtico placer escribir o hablar de miseria y basura, claro está. Pensáis que nos encanta, no pensáis en que tenemos alma, nos juzgáis como si fuésemos máquinas. Ni somos máquinas ni pretendemos serlo. Por eso erramos: como cualquier humano.

Algunos somos autónomos, otros tienen salarios de 600 euros al mes. Curramos de sol a sol y nos incorporamos de urgencia cuando lo pide la actualidad, aunque estemos de vacaciones. Somos objeto de presiones, sí, pero tratamos de hacer frente al asunto como podemos. No nos pagan horas extras porque son incomputables. Si nos las abonasen, igual tendríamos el salario que merecemos. Ésa es una lucha perdida, abundan los contratos de media jornada o de seis horas. Estamos para accidentes, incendios y visitas de representantes del gobierno. Si entra un anuncio a las 19 horas, te fulminan la página y has de adaptar tu trabajo a la publicidad sí o sí.

Quizás no sabemos mucho de nada, pero sí un poquito de todo. Sabemos, como mínimo, discernir entre géneros. Patán osado, eso a lo que tú llamas artículo es probablemente una información, y la diferencia es abismal. Nos criticáis por nuestros titulares y, cuando nos queréis corregir porque os sentís capaces, os arrancáis con un gerundio y os despedís con un punto. No sabéis de planillos ni de escaletas. Titular tras redactar 3 ó 4 páginas y atender al teléfono es más que un reto. Currar tras asistir al despido de decenas de compañeros y al cierre de emisoras es angustioso. En Pontevedra, en lineas generales, la prensa se protege y mantiene lazos de amistad: para joder ya hay demasiado bestia opinando.

Hazlo todo y vete a disfrutar de un café cuando puedas. Escucha entonces cómo un notas te juzga, a ti y a tus compañeros. Trata de obviar la afirmación rotunda de alguien que está en un bar y emplea el mismo término para referirse a tu trabajo que para hablar de un tal Kiko, un fulano que pasó por un programa indigno en su día, un fulano que sabe de comunicación menos que mi perra y al que vosotros habéis encumbrado. Cállate si quien te insulta en público abre en la cafetería una revista infumable, lee el horóscopo y elige la pantalla de Gran Hermano en lugar de la que reproduce un informativo. Aprieta los puños cuando cualquiera te habla de periodismo. Cuenta hasta 10 para no perder los nervios, a sabiendas de que un día no aguantarás más. 

No jodas más. Porque va a llegar un momento en el que yo deje de contar hasta diez, decida no apretar mas los puños y opte por callarte de golpe, con un puñetazo en la mesa o tirándote un ejemplar de esa prensa rosa que consumes a la cara. Montaré un numero, pero la paciencia tiene un límite. No jodas porque trabajamos más que tú, no aguantarías nuestro ritmo ni tres días y no tienes conocimiento suficiente como para juzgarnos, así de simple. No jodas porque a veces nos jugamos la vida y, cuando vamos a tomar un café para relajarnos, no queremos gresca: vivimos en una saturación constante y la realidad que tú percibes es objeto de estudio para nosotros, sin descanso. No jodas porque llueve sobre mojado y estamos tocados: nosotros elegimos dedicarnos a esto, sí, pero no elegimos estas míseras condiciones laborales y cada lunes tenemos que oír que Ana Pastor y Jordi Évole son los únicos periodistas decentes del país. ¿Eres consciente de lo que estás diciendo, ignorante? ¿De verdad lo meditas antes de largarlo? No, no lo has meditado. Y si lo has meditado y crees en tu afirmación, has de ir al psiquiatra. Únete al club: muchos de nosotros necesitamos ayuda profesional para seguir cumpliendo con nuestra obligación.

Yo juzgaré tu trabajo en el momento en que sepa cómo ejecutarlo: juzga tú el nuestro y, cuéntame cómo te sientes a las 12 de la noche, cuando acabes tu tarea -si lo logras- y encaras la redacción de un reportaje de dos páginas para que se publique en tus días libres.

En definitiva, no seas imprudente. Si no quieres consumir información estás en tu derecho, pero antes de juzgar a mi colectivo demuéstrame que tienes algo que sumar, algo que valga la pena escuchar. Si tu aportación es hablar de periodismo mientras ves Sálvame, vete a la mierda. Si te cuesta conjugar un verbo, pasa de mí y de mis compañeros. Si un redactor te la jugó un día, refiérete a su persona. Si para ti un off de record es la parte de la grabación de un disco, no merece la pena saludarte. Si no adoras tu trabajo, no estás en mi galaxia. No quiero vivir para trabajar, pero de verdad que tu mundo y el mío son más que distintos.

Si no entiendes algunas bromas, no sabes nada. Si crees que cualquiera vale para esto, no tienes ni puta idea. Si consideras que me vendo no me conoces y,  por supuesto, yo no quiero conocerte. Si crees que cobramos en negro por publicar algo o no hacerlo, mereces que te llame calaña. Si me vas a buscar, no difames con una sonrisa en la cara, porque hay cosas con las que no se juega. Si tratas de engañar a la prensa, prepárate porque tarde o temprano te descubrirá. No es una cuestión de poderes: es ley, en la vida siempre habrá alguien más inteligente que tú. Si crees que eres más importante que yo porque un día te demando información, estás perdidiño: somos igual de importantes aunque hoy tengas un cargo, y no porque sea periodista, sino porque soy persona. Importancia la misma, diferencia mucha: tan mal nos trata la sociedad que se merecería un apagón informativo. Probad a sustituirnos entonces, a ver cuánto tiempo resistís. 

Yo no voy a tolerar más ataques. Nunca los llevé bien, pero  la realidad del sector me duele hoy más que nunca. No tengo que escuchar ciertas afirmaciones. Por muchos de mis compañeros, pondría la mano en el fuego. Probablemente por ti no me jugaría ni el cordón de una zapatilla.