Regresar a 5º de EGB

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Clase de 5º EGB con el profesor Don Juan de Barrantes. Colegio SEK.

Lago de Castiñeiras, 1990. Clase de 5º de EGB.

Me siento un ser mínimo al observar esta imagen, al recordar el pasado, al tener tantas dificultades para escribir este texto, en el que pienso desde hace semanas. Siempre he creído que resulta más sencillo narrar desde el dolor;  ahora estoy a punto de descartar esa máxima.

Estamos a principios de la década de los 90, seguramente en el mes de junio. La fotografía es de la clase de 5º de EGB y fue tomada en una excursión a Castiñeiras. El del centro es don Juan, el profesor que nos tuteló durante todo el curso. Hoy vive momentos duros. No pretendo entrar en detalles, para los pormenores ya me hice periodista y ahora no publico en periódicos. Así que me voy un ratito al pasado.

Es lunes, un lunes cualquiera. Don Juan nos enseña gramática, nos da clase de matemáticas y nos indica cómo lanzar triples. Dedica unos minutos del martes a contarnos que es algo testarudo y que nació a pesar de que en el parto de su madre no todo estaba claro. Estamos a miércoles y, de pronto, decide cambiarme de sitio. Pone mi mesa al lado de las de Helena, Miki y María. Lo hace, supongo, porque mi padre acaba de morir y quiere que me sienta arropada. Vaya si lo consigue: me lo paso en grande con María. De ese sencillo movimiento de don Juan surge mi amistad con mi amiga del alma. También aprendo de Miki, un ser excepcional que va por el mundo regalando sonrisas sin pedir nada a cambio.

Es jueves. Juan nos habla de deporte, del fútbol que tanto le apasiona, de la importancia de mantener la calma, de avanzar por caminos seguros. Nos cuenta que sus compañeros inician las carreras de los entrenamientos derrochando potencia y que pierden la fuerza en un abrir y cerrar de ojos. “El esfuerzo tiene recompensa”, nos comenta.

El viernes miro a don Juan con cierta rabia porque me manda ir al colegio el sábado por la mañana para recibir clases de apoyo. Es un sentimiento efímero, es imposible no admirar a nuestro profesor. Se ha ganado nuestro respeto, se ha ganado el don y se ha ganado todo el cariño que yo pueda darle. Sé que en la calle Illa de Arousa comprenderán mis palabras.

Se acerca el fin de semana y nos marchamos en unas horas, así que don Juan copia en la pizarra las materias que estudiaremos la semana siguiente. Y, con letra muy menuda, deja también una frase que estampamos en nuestras agendas: “Nunca tiréis la toalla”. Cada viernes una frase, una frase para la vida.

Es fin de curso. Hemos reído, hemos llorado y hemos aprendido. Don Juan lo celebra sorteando el bolígrafo que ha usado durante muchos meses, una especie de roller que nos gusta a todos. La afortunada es María Malvar, que adivina el número que Juan ha escrito en un papelito.

Nos despedimos de nuestro profesor con pena. Minúsculos a su lado, somos mucho mejores que cuando entramos por la puerta. Y no tiramos la toalla. No la tires tú tampoco, don Juan, no la tires. Vendrán tiempos mejores y los recuerdos siempre van a estar a nuestro lado.

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luisaperezpuga

 

15 thoughts on “Regresar a 5º de EGB

  1. Cuántos sentimientos se aprecian en esta entrada Luisa, palabras llenas de admiración y cariño para D. Juan, que aunque no lo conozco, sí lo admiro.

  2. Emotivo, emocionante y escrito como se deben escribir las cosas desde dentro, con el corazón, con pasión y con tacto.
    Espero que le vaya bien y a tí también compi.
    Don Juan estará muy orgulloso de tí porque nunca tiras la toalla.
    PS:Te dejo otra frase, esta mía: Nunca dejes de escribir:)
    Besos mil
    Ta

  3. Querida Luisa: ni me había imaginado que hubieses escrito esto acerca de mí. Acabo de leerlo en este preciso momento y has conseguido que me emocione. Pero quiero que sepas que sois los alumos los que hacéis grandes a los maestros. De hecho, sin alumnos que quieran aprender no existiría la figura del maestro. Y para mí es un orgullo, tal y como he hecho esta mañana, presumir de alumnos/as como tú. Es más, esta promoción a la que perteneces y que hace 24 años “cayó” en mis manos tenéis la culpa de que no me haya dedicado a otra profesión; ya que por entonces tuve ciertas ofertas de trabajo provenientes de otros sectores. Os puedo asegurar, a ti y al resto de los compañeros de la promoción, que durante ese curso fui tan feliz y me lo pasé tan bien en vuestra compañía, ejerciendo de “entrenador de personas” (sabes que yo el mundo de la educación lo entiendo de otra manera), que decidí continuar “torturando” con mis enseñanzas a promociones venideras. Y te aseguro que jamás, jamás me arrepentiré de haber optado por este camino que tantas y tantas satisfacciones me ha dado; entre las cuales tú eres una de ellas. ¿Qué puede haber más grande para un maestro que presumir de alumno/a? Pues yo presumo de ti, de que haya tenido el honor de haber aportado mi granito de arena en tu formación, sobre todo en la de tu personalidad. Muchísimas gracias por tu reconocimiento; pero sobre todo, muchísimas gracias por ser como eres.

    1. No tienes nada que agradecerme, querido Juan. Todo lo contrario: quienes te tuvimos de profesor tenemos una gran deuda contigo. Me alegra que te haya gustado la entrada del blog y, si te sientes reconocido en ella, me doy por absolutamente satisfecha. Por influencia materna, en nuestra casa se entiende el magisterio como una profesión que, bien ejercida, ha de dejar huella en el estudiante. No sólo durante por su formación como alumno, también por su formación como persona, con todo lo que ello implica: solidaridad, compañerismo, comprensión y lucha. Un buen profesional se gana el reconocimiento de sus alumnos y, llegado el momento, es de justicia expresarlo (cada quien con los métodos que considere) o recordarlo. Cuando publiqué esta entrada -en un momento doloroso para ti y para todos los que te queremos- me limité a recordar lo que hiciste por mis compañeros y por mí.

      No me cabe más que desearte toda la suerte del mundo. No me cabe duda de que la tendrás puesto que, como hablamos hoy, la vida se trata de levantarnos siempre y de improvisar si alguien interrumpe nuestro concierto. Equivocándonos o no, pero “sin tirar la toalla”. Aunque nos toque vivir momentos complicados, si algo aprendí de ti es que mañana viviremos un nuevo día. Eso hay que aprovecharlo.

      Abrazo fuerte y estamos en contacto.

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