Por mi padre, por mi madre y por mí

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Cestona, fachada del balneario

Fachada del balneario de Cestona. Foto de Scribacchina.

Mi madre ya ha llegado a Cestona. Me pregunta entre risas una chica que la conoce, al contarle que se ha ido de viaje, si será capaz de relajarse en el balneario. Le digo que sí: mi madre es capaz de relajarse si las condiciones acompañan, soy testigo. Lo que nunca conseguirá es dejar a un lado su forma explosiva de andar por la vida, y yo se lo agradezco: porque perdería mucho de su encanto y porque buena parte de su manera de ser es la mía, con la diferencia de que me aventaja en varias décadas de experiencia y de que es mucho más capaz que yo (en todos los sentidos); así que me gana en cualquier aspecto en el que nos midamos, aunque jamás lo hacemos porque sería como comparar a Tachenko con Torrebruno y, entre otras cosas, nos falta tiempo para eso.

Hablo de ella porque ayer me tocó llevarla a Redondela, donde tenía que subirse al tren. Hemos vivido un par de días ajetreadas, porque siendo yo su hija es plenamente consciente de que, a su regreso, puede encontrarse:

  • La casa quemada por cualquier motivo.
  • La pecera sin peces y el gallinero sin gallinas porque al único animal al que estoy acostumbrada a alimentar es a Indira. Si es por mí, yo casi ni como. (Que conste que me deja el congelador lleno de platos suculentos, non vaia a ser o demo).
  • Sin puerta en la habitación del baño, porque se me puede ir la cabeza, soy muy capaz de dejar la estufa encendida tras ducharme, la puerta queda demasiado cerca del aparato, se quema la madera y arde. (Esto ya pasó con mi hermano como protagonista principal. Por suerte sólo llegamos a la fase “se quema”. Lo cierto es que mi hermano las ha hecho muy grandes, pero eso daría para otro capítulo).
  • Con los diarios de 12 días delante de la puerta. Me gusta repasar el periódico por la mañana, pero como a veces falla el repartidor, hay días en que ni siquiera salgo para comprobar si está o no está. Así que me voy a trabajar con lo puesto y, muchas veces, con la camisa del revés.

A su regreso mi madre también puede encontrarse, directamente, que en lugar de una estructura habitable hay en su finca un hueco tipo cráter. Cualquiera que me conozca un poco sabe que es algo que, por cualquier circunstancia, podría llegar a pasar. Porque me pasan cosas como éstas:

  • En un mes pierdo dos o tres veces las llaves. (Las de casa y las de la oficina).
  • Voy al cajero a sacar dinero y me voy sin él, olvidándolo en el cajetín de la máquina.
  • Saco dinero del cajero, agarro la pasta con la izquierda, el comprobante con la derecha y  mantengo el móvil entre el hombro y la cabeza para poder explicarle algo a un cliente. Al rato paso por un contenedor, al que vuelvo al galope dos minutos después porque, Oh my God!, en lugar de tirar el comprobante he lanzado dentro el dinero. Acabo metida dentro de un gran aparato de plástico lleno de basura a la vista de un nutrido grupo de habitantes de Pontevedra, una ciudad que si por algo se caracteriza es por la discreción de su gente.
  • Si ligo con un alguien es:

A) Prófugo de la justicia.

B) Preso de una cárcel que está de permiso penitenciario. (Y me lo cuenta alegremente mientras estoy pidiendo una copa en un pub).

C) Le falta una parte de la cara.

D) Tiene más problemas que yo.

E) Es una mujer. (Respeto absoluto, pero no estoy interesada).

En fin, sobre mis ligues no hablo más. Sobre mi bienestar durante la ausencia de mi madre confiemos en la asistenta, que vive al lado. Porque está M. Carmen cuidando de la casa, cuidándome a mí, cuidando a los peces y a las gallinas y cuidando del mundo en general. Sin ella mi madre no se iba ni a Cestona ni a Pontevedra a tomar un café.

Pretendía, cuando empecé a escribir esta entrada, hablar del lujazo que me supuso, ayer por la mañana, que fuese mi madre quien condujese su coche hacia la estación de trenes de Redondela y no yo. Pero llevaba tiempo sin publicar y tenía cosas que contar.

Vuelvo al caso: ayer en el coche mi madre se dedicaba a adelantar acontecimientos (otra cosita que yo he heredado de ella y que se me da de lujo):

Marisa: “No llegamos al tren. No llegamos por el atasco que hay por los colegios en Pontevedra”.

Luisa: “Mamá, son las 8.30 de la mañana. Tú como maestra sabes que  los alumnos entran a las 9…”

A estas alturas da igual: mi madre sigue a lo suyo y ya no hay quien la pare:

Marisa: “Yo tenía que haber madrugado más, porque el que llevamos delante no sabe conducir, porque siempre cabe la posibilidad de que haya una explosión nuclear que retrase mis planes y porque los semáforos están en rojo. Y esto -con el esto se refiere a la vida en general, supongo- sólo me pasa a mí. Eso sí, tampoco me pasa más”.

La última frase “…esto sólo me pasa a mí. Eso sí, tampoco me pasa más” es muy típica de mi madre. Yo se la he copiado, pero sólo la primera parte y con otro espíritu: el sentido general de su frase es positivo (se traduce en un “esto no me vuelve a pasar porque voy a poner los medios para que no vuelva a ocurrir”); el mío suele ser derrotista: “esto sólo me pasa a mí y me pasará de nuevo mañana, el mes que viene y en 2040 si llego allá, así que ya me puedo dar por jodida de por vida”.  (Yo estos términos tan gruesos, salvo en días como éstos, no suelo usarlos. Es más, la frase se la escuché por primera vez a mi amiga Maruxa y, de graciosa, se me quedó grabada. Pero vamos, que no voy diciéndola por ahí, sólo la pienso de vez en cuando, es decir, todos los días).

No quiere decir que mi madre consiga que esto que “sólo me pasa a mí” no le pase de nuevo, pero su planteamiento es mucho mejor que el mío porque implica acción y decisión por parte del sujeto pensante. ¿O no?

Imagen de luisa, césar y marisa

Bella estampa familiar. Mi hermano no quiso mandarme esta foto ayer, creo que algo se temía… pero una tiene sus contactos. Tarde piaches, se siente.

Vuelvo al relato inicial: mi madre seguía con lo suyo (que de verdad que no era poco), y yo tuve un momento de calma como ocupante de un vehículo (sin móvil, sin ordenador, sin tableta), sólo con su voz de fondo cuando pasamos por la localidad de Cesantes. La de ayer fue una mañana espectacular, podéis creerlo. La foto no consigue reflejar la belleza del día, entre otras cosas porque yo no soy fotógrafa.

Mariscadoras en la localidad de Cesantes, en la ría de Vigo

Mariscadoras en Cesantes. Espectácular imagen en la ría de Vigo, cerca de la Illa de San Simón y con el puente de Rande al fondo.

Como os digo, vi este panorama en el trayecto de ida. En el de vuelta, que hice sola, paré el coche, me bajé para sacar la foto y pensé algo similar a esto. Ahí queda, para los restos.

Algunos indecentes me jodisteis el mes de octubre y ni siquiera fui capaz de tener un momento para mí y para disfrutar de una vista como ésta. Noviembre no va a ser igual por más que os lo trabajéis. Porque sé que soy un desastre para muchas cosas, un verdadero desastre. Es más: soy un desastre para todo aquello que no tenga que ver con el trabajo y -creo- con la amistad. No soy más que lo que cuento en esta entrada de mi blog. Pero hay ciertas realidades con las que todavía puedo. Y voy a poder con todos los que me lo estáis poniendo cuesta arriba. No juro porque no creo en nada, pero os doy mi palabra de que no me vais a joder las vistas de lo que queda de noviembre: os la doy por mi padre, que ya no está aunque sigue estando; por mi madre, que cooming soon; y por mí, sobre todo por mí. 

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luisaperezpuga

 

2 thoughts on “Por mi padre, por mi madre y por mí

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