Miseria

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De todas las huellas, la de la miseria es la más profunda y dolorosa. A mí la miseria me pegó un patadón en la cara cuando tenía algo más de veinte años, y el golpe fue tan fuerte que me da la impresión de que, desde entonces, mi cuerpo no ha dejado de tambalearse. Mi vida no es más que eso, un tambaleo. Incluso la muerte en directo es una aficionada en esto de las impresiones si se la compara con el efecto que sobre la razón tienen el hambre extrema, los niños desnutridos, los ancianos que duermen sobre cartones, las enfermedades que deforman el cuerpo de las mujeres que han parido demasiado y el analfabetismo.
A veces la realidad me provoca una enorme sensación de asco de la que me cuesta sacudirme. Y me arrastro hasta el baño con ganas de vomitar, intentando dibujar con el cuerpo mapas hacia mundos mejores porque tengo la necesidad de llegar a ellos para evitar morir de angustia.

En Tegucigalpa miles de personas viven en condiciones insalubres.

Un grupo de personas hace cola para recibir comida en una barriada de Tegucigalpa.

 

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luisaperezpuga

 

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