Cuando fui idiota

¿Vives para trabajar? Eres idiota. Eres tan idiota como lo fui yo: muy responsable, siempre disponible, operativa todo el rato, queriendo convencerme de mi valía, tratando de que otros supieran que las horas ni pasan ni pesan. ¿Para qué? Para no disfrutar mi tiempo de ocio, para llegar a casa exhausta los viernes y no querer más que dormir. Siguiendo un patrón –sin ser consciente- de película americana, olvidando a mi familia y a mis amigos, llegando tarde a reuniones importantes con colegas, dando de lado a todo por llegar al cierre. Nunca más.

Acabé con mi adicción al trabajo hace algún tiempo. Fue preciso, eso sí, que viniese la vida a pegarme un par de golpes en la cara para deshacerme de la presión acumulada desde 2001. Mis socios me ayudaron mucho en ese camino, y también nuestra pequeña empresa, que me encaminó a decir lo que pienso cuando lo considero oportuno y a callar cuando creo que es procedente. In#Rede incluso me está enseñando a echar el cierre en la oficina cuando la jornada laboral llega a su fin.

Hace una década trabajaba como una burra. Hoy trabajo menos horas y rindo más. Hace una década, Ence estaba en plena ría de Pontevedra, muchos catalanes querían independizarse de España y en nuestra ciudad había demasiados pontevedreses de toda la vida. Es 12 de septiembre de 2015 y Ence sigue (y seguirá) jodiendo el paisaje, hay un numeroso grupo de catalanes que quiere la independencia y en Pontevedra coexistimos –todavía- los normales y los que tienen pedigree. ¿Qué pasará en 2025? Habrá pocas variaciones. La 1906 seguirá siendo una cerveza exquisita, los periódicos llevarán Ence en sus portadas, la edición de la Feira Franca será inolvidable y en agosto celebraremos las fiestas de A Peregrina. Trabajando más o menos, en 2025 seguiré siendo testigo de injusticias profesionales, habrá quien nos robe el empleo para desempeñarlo mucho peor que nosotros, otros se aprovecharán de nuestro conocimiento, coexistiremos con terceros con los que será un placer trabajar, y algún cuarto pagará a tiempo y se mostrará agradecido por la labor realizada. Será lo que tenga que ser, pero sin contestar a mensajes a las 2 de la mañana, sin remordimientos al cerrar la puerta de la oficina, a sabiendas de que este cuento que es la vida dura un respiro y yo ya perdí medio en una existencia que no tenía sentido, que no me satisfacía y que no me dejaba tiempo para disfrutar de pequeños y grandes placeres.

Se acabó. Trabajo para vivir, no lo contrario. Porque, a fin de cuentas, las horas que he pasado gratuitamente delante de pantallas son horas en las que no he disfrutado de mi madre ni de las personas que me quieren. Si me quieren, llegado el momento, me han de querer también pobre.

 

Hazte periodista: si lo superas, juzga

Trabajo rápido: el tiempo es oro. Vengo de la prensa escrita (allí me encontraba entre los lentos) y para mí el reloj apremia siempre: muevo pestañas a gran velocidad en mis pantallas y mientras redacto una actualización en Facebook pienso en que he olvidado llamar a un cliente y aprovecho para tomar notas en un papel. Me cuesta asumir que no puedo hacer frente a decenas de trabajos en una jornada. Es herencia de cualquier medio esa idea que alimentamos a diario, esa de no llegar al cierre. He sido la profesional a la que te has permitido insultar sin saber y estoy cansada de que maltrates a mis compañeros.

Hoy mi trabajo es mi vida, es una apuesta muy seria a la que dedico todos mis esfuerzos. No soy una excepción, no: a ello nos han conducido. Somos muchos los que casi vivimos para trabajar en el mundo de la comunicación, los que recibimos whatsapps de clientes o fuentes en plena madrugada, los que asumimos labores que no nos competen. En nuestros fines de semana, vemos los mismos accidentes que tú, sentimos al presenciarlos la angustia, los nervios y la tensión en el estómago: hay noticias que preferiríamos no contar y, con todo, hacemos frente al esperpento para que la información se publique. El dolor que provoca relatar ciertos acontecimientos es desconocido para el público: si piensas que somos aves carroñeras, te aclaro que es probable que el carroñero seas tú por no ir un poco mas allá y ejercitar tu cerebro. Hay algún mierda que saca partido a la tragedia, sí. La mayoría de nosotros la presencia y le da formato de noticia. Cuando tú eres testigo de un siniestro y tapas los ojos de tu hijo, el periodista hace lo mismo y asume que, en cuestión de segundos, ha de ponerse su mono de trabajo.

Sin periodistas no hay periodismo

Asociación de la Prensa de Madrid.

Elegimos en su día ser periodistas o dedicarnos a la comunicación. Hemos estudiado o nos hemos formado -no sufro titulitis, no- y hemos soportado lo insoportable. Desde hace años asistimos a un proceso de linchamiento de los profesionales de quienes aprendimos: todos a la calle. Yo me vi en el Inem a tiempo de reciclarme. Con más de 50 tacos, es complicado.

Para disfrutar de un par de días libres tenemos que dejar hechas neveras, que son un trabajo cruel. Una nevera, para que lo sepas, es una información que un redactor deja preparada y que no caduca. Permite que el periódico no se resienta porque falta un profesional cuando le toca descansar. Es una imposición más dura que llevarse el trabajo a casa. ¿Las ideas para las neveras llegan por mail? No, no: te las curras unas jornadas antes de marcharte, es decir, las sumas a tu trabajo diario. ¿Conocías la existencia de las neveras? Pues si quieres te cuento más cosas que no sabes.

Aprendemos nuevos formatos cuando nos lo exigen, vamos a ruedas de prensa en las que no se admiten preguntas porque sabemos que hay entre nosotros algún mierda que se vende (en qué oficio no lo hay) y discutimos con todo el mundo a todas horas. Nos toca, además, trasladaros lo bueno y malo de quien dirige el país, la autonomía y el gobierno local. Constituye un auténtico placer escribir o hablar de miseria y basura, claro está. Pensáis que nos encanta, no pensáis en que tenemos alma, nos juzgáis como si fuésemos máquinas. Ni somos máquinas ni pretendemos serlo. Por eso erramos: como cualquier humano.

Algunos somos autónomos, otros tienen salarios de 600 euros al mes. Curramos de sol a sol y nos incorporamos de urgencia cuando lo pide la actualidad, aunque estemos de vacaciones. Somos objeto de presiones, sí, pero tratamos de hacer frente al asunto como podemos. No nos pagan horas extras porque son incomputables. Si nos las abonasen, igual tendríamos el salario que merecemos. Ésa es una lucha perdida, abundan los contratos de media jornada o de seis horas. Estamos para accidentes, incendios y visitas de representantes del gobierno. Si entra un anuncio a las 19 horas, te fulminan la página y has de adaptar tu trabajo a la publicidad sí o sí.

Quizás no sabemos mucho de nada, pero sí un poquito de todo. Sabemos, como mínimo, discernir entre géneros. Patán osado, eso a lo que tú llamas artículo es probablemente una información, y la diferencia es abismal. Nos criticáis por nuestros titulares y, cuando nos queréis corregir porque os sentís capaces, os arrancáis con un gerundio y os despedís con un punto. No sabéis de planillos ni de escaletas. Titular tras redactar 3 ó 4 páginas y atender al teléfono es más que un reto. Currar tras asistir al despido de decenas de compañeros y al cierre de emisoras es angustioso. En Pontevedra, en lineas generales, la prensa se protege y mantiene lazos de amistad: para joder ya hay demasiado bestia opinando.

Hazlo todo y vete a disfrutar de un café cuando puedas. Escucha entonces cómo un notas te juzga, a ti y a tus compañeros. Trata de obviar la afirmación rotunda de alguien que está en un bar y emplea el mismo término para referirse a tu trabajo que para hablar de un tal Kiko, un fulano que pasó por un programa indigno en su día, un fulano que sabe de comunicación menos que mi perra y al que vosotros habéis encumbrado. Cállate si quien te insulta en público abre en la cafetería una revista infumable, lee el horóscopo y elige la pantalla de Gran Hermano en lugar de la que reproduce un informativo. Aprieta los puños cuando cualquiera te habla de periodismo. Cuenta hasta 10 para no perder los nervios, a sabiendas de que un día no aguantarás más. 

No jodas más. Porque va a llegar un momento en el que yo deje de contar hasta diez, decida no apretar mas los puños y opte por callarte de golpe, con un puñetazo en la mesa o tirándote un ejemplar de esa prensa rosa que consumes a la cara. Montaré un numero, pero la paciencia tiene un límite. No jodas porque trabajamos más que tú, no aguantarías nuestro ritmo ni tres días y no tienes conocimiento suficiente como para juzgarnos, así de simple. No jodas porque a veces nos jugamos la vida y, cuando vamos a tomar un café para relajarnos, no queremos gresca: vivimos en una saturación constante y la realidad que tú percibes es objeto de estudio para nosotros, sin descanso. No jodas porque llueve sobre mojado y estamos tocados: nosotros elegimos dedicarnos a esto, sí, pero no elegimos estas míseras condiciones laborales y cada lunes tenemos que oír que Ana Pastor y Jordi Évole son los únicos periodistas decentes del país. ¿Eres consciente de lo que estás diciendo, ignorante? ¿De verdad lo meditas antes de largarlo? No, no lo has meditado. Y si lo has meditado y crees en tu afirmación, has de ir al psiquiatra. Únete al club: muchos de nosotros necesitamos ayuda profesional para seguir cumpliendo con nuestra obligación.

Yo juzgaré tu trabajo en el momento en que sepa cómo ejecutarlo: juzga tú el nuestro y, cuéntame cómo te sientes a las 12 de la noche, cuando acabes tu tarea -si lo logras- y encaras la redacción de un reportaje de dos páginas para que se publique en tus días libres.

En definitiva, no seas imprudente. Si no quieres consumir información estás en tu derecho, pero antes de juzgar a mi colectivo demuéstrame que tienes algo que sumar, algo que valga la pena escuchar. Si tu aportación es hablar de periodismo mientras ves Sálvame, vete a la mierda. Si te cuesta conjugar un verbo, pasa de mí y de mis compañeros. Si un redactor te la jugó un día, refiérete a su persona. Si para ti un off de record es la parte de la grabación de un disco, no merece la pena saludarte. Si no adoras tu trabajo, no estás en mi galaxia. No quiero vivir para trabajar, pero de verdad que tu mundo y el mío son más que distintos.

Si no entiendes algunas bromas, no sabes nada. Si crees que cualquiera vale para esto, no tienes ni puta idea. Si consideras que me vendo no me conoces y,  por supuesto, yo no quiero conocerte. Si crees que cobramos en negro por publicar algo o no hacerlo, mereces que te llame calaña. Si me vas a buscar, no difames con una sonrisa en la cara, porque hay cosas con las que no se juega. Si tratas de engañar a la prensa, prepárate porque tarde o temprano te descubrirá. No es una cuestión de poderes: es ley, en la vida siempre habrá alguien más inteligente que tú. Si crees que eres más importante que yo porque un día te demando información, estás perdidiño: somos igual de importantes aunque hoy tengas un cargo, y no porque sea periodista, sino porque soy persona. Importancia la misma, diferencia mucha: tan mal nos trata la sociedad que se merecería un apagón informativo. Probad a sustituirnos entonces, a ver cuánto tiempo resistís. 

Yo no voy a tolerar más ataques. Nunca los llevé bien, pero  la realidad del sector me duele hoy más que nunca. No tengo que escuchar ciertas afirmaciones. Por muchos de mis compañeros, pondría la mano en el fuego. Probablemente por ti no me jugaría ni el cordón de una zapatilla.

 

“Lo que duele en Pontevedra, duele en Lugo”

Es de noche. Paso por delante del Archivo Provincial, donde Diario de Pontevedra acaba de inaugurar una exposición de portadas con motivo de su 125 aniversario. En la puerta hay un corrillo de gente a la que no quiero ver, así que cambio de acera. Diario de Pontevedra me inspira una ternura infinita, pero no así el Grupo El Progreso. No creo que venir a la ciudad a negociar convenios, participar en saraos y figurar en actos para salir en fotos de portada sean las mejores maneras de luchar por una empresa. La camisa admitiría más sudor.

exposición diario de Pontevedra aniversario

Exposición de Diario de Pontevedra con motivo de su 125 aniversario

En esa noche, ¿ya estaba cerrada la tropelía ejecutada por los delegados lucenses enviados ayer a la calle Lepanto? ¿Ya se sabía cuántos asalariados de Diario de Pontevedra iban a perder su empleo? Tras todo lo sucedido, ¿duele Pontevedra como siempre o duele más? “Lo que duele en Pontevedra, duele en Lugo” es una frase ñoña conocida por todos los que hemos tenido algún vínculo con el medio, que es un enfermo crítico. Los que desde la otra provincia cortan el bacalao solían pronunciar esas palabras ante trabajadores de Lérez Ediciones en una especie de ejercicio de coaching que nunca caló. Nunca caló porque era una mentira en un proceso demasiado doloroso que ya dura muchos años. Recortes salariales, expediente de regulación de empleo, personal bajo mínimos, cambios constantes… El escenario perfecto para cualquier trabajador.

Así que a mí me falta una portada en esa exposición. Me falta la de hoy, 29 de octubre de 2014. Ahí van el titular, antetítulo y subtítulo de la apertura:

Prescinde también de tres becarios coincidiendo con el 125 aniversario de la cabecera

El GRUPO EL Progreso despide de golpe a 7 trabajadores de Diario de Pontevedra

Convocada la huelga en protesta por un nuevo recorte de la plantilla

En otros tiempos, probablemente María y yo habríamos discutido sobre el titular. O no, a saber. Nunca tuvimos grandes diferencias de enfoque la jefa y quien suscribe. Xan podría acompañar la información con una infografía -sí, una de esas que han recibido premios-. Vicente perfilaría la imagen de algún sujeto para la noticia de páginas interiores. Jesús podría encargarse de recabar opiniones sobre estos despidos entre los políticos. La columna de la contra se referiría al asunto y hoy va en gallego: firma Ana López. Mientras tanto, Galocha le da vueltas a la portada en su despacho.

Nada de eso. María y yo no discutimos. Xan no va a abrir el Illustrator. Antón no hace la portada. Vicente no está con el Photoshop. Jesús no va a recabar declaraciones de nadie. Y Ana López no va en la contra: ninguno de nosotros trabaja ya en Diario de Pontevedra. Todos  los despidos me duelen, pero el caso de María Núñez me resulta demasiado difícil de digerir. Faltan también Miguel, las dos Cármenes, María y Violeta, Moncho, Berta, Montse y otros a quienes largaron ayer y no conozco o de quienes se prescindió en los últimos años. Pierdo la cuenta: entre despidos y no renovaciones, es imposible calcular. También es difícil imaginar otros 125 años. Quedan dentro profesionales enormes, pero trabajar en esas condiciones es más que complicado. Ánimo a todos.

 

¡Grazas a todos!

Preparei este textiño para a entrega de premios do Festival de Cine e Televisión Camino de Santiago. Non me gusta falar en público e non sei se fun quen de ler o que tiña escrito. Aquí queda como mostra de agradecemento a todos os que traballaron para sacar adiante Caminos de Paz.

Boa noite.

A Asociación Galega de Reporteiros Solidarios queda dende hoxe en débeda co Festival e coa Fundación Andrea. Moitas grazas por ter apreciado o noso traballo e por premiar coa Estela Solidaria a Camiños de Paz, un documental producido con ACPP que é froito dun intenso traballo voluntario. Camiños de Paz é unha realidade grazas a colaboración desinteresada de moitas persoas. O meu agradecemento a todas elas, especialmente a Álvaro Ayala e a Natalia Puga.

Recibimos este galardón nun momento durísimo para a coperación. Non só polos tixereitazos dos gobernos, tamén porque a crise é unha escusa perfecta para que os individuos non miremos máis alá. Dende Agareso seguiremos traballando para dar voz a quen está mudo. Como dixo Manuel Rivas, o xornalismo é un conto. Un conto baseado no compromiso coa sociedade, especialmente cos máis desfavorecidos; non os imos  esquecer.

Moitísimas grazas.

Con Alejandro Quiñoá, delegado de ACPP en Galicia.

Con Alejandro Quiñoá, delegado de ACPP en Galicia.

 

“El trabajo no será remunerado”

Cuando quiera ser prostituta ejerceré. Lo que no voy a hacer es prostituirme periodísticamente o trabajar gratis para alguien que se despierta una mañana y decide montar -sin fondos- una revista sobre ovnis y fenómenos parapsicológicos. Todo muy colaborativo, muy 2.0, muy del gusto de Díaz Ferrán y muy paranormal. En cuestión de tiempo, todos seremos muy paranormales en este país. La empresa ofertante es La Liga Humana, un individuo o conjunto de individuos que han tenido a bien discurrir que “debido a las necesidades de comunicación presentes en el ámbito socio-cultural actual estamos preparando una revista digital enmarcada dentro del periodismo 3.0… El trabajo no será remunerado por no poseer los recursos necesario para ello….

Está claro que en los últimos meses todos hemos percibido la necesidad de recibir información sobre ovnis y fenómenos parapsicológicos. Vamos por la calle y no hacemos más que preguntarnos qué tipo de organización mafiosa y llegada del espacio ha podido succionar de golpe las neuronas de la mayoría de la clase política del país. La Liga Humana, consciente de la necesidad de darnos respuestas, viene a salvarnos la vida. Eso sí, sin dedicarle mucho tiempo a la cuestión:

“Para realizar la selección no se leerá ningún curriculum vitae”.

No quieren leer currículums, no. Quieren una “carta de presentación o un texto” en formato .doc  (muy 3.0 pero no conocen el pdf). También quieren una rubia que les abanique, pero no se han animado a publicar la frase para que la oferta no pareciese demasiado seria.

Por suerte llegan a mi buzón otras ofertas, no sólo La Liga Humana busca a profesionales relacionados con el mundo de la comunicación. También lo hace Clickworker, que anuncia -sin ruborizarse- que necesita “a personas que tengan ganas de pasárselo bien al investigar sobre cualquier tema”. Yo de lo que tengo ganas es de tener un trabajo estable; pasármelo bien es algo que solía hacer en mi tiempo libre, cuando todavía lo tenía. ¿Cuándo fue eso? Fue allá por el pleistoceno.

¿Más requisitos? Quieren a redactores con sentido del humor para enfrentarse a la difícil labor de “responder a una serie de preguntas previamente planteadas por usuarios”. ¿Cómo se entabla la comunicación? Por SMS. No se necesita más que una conexión a internet, una casa desde la que realizar el trabajo -piden poco- y conocimientos de ortografía y gramática. ¿Titulación? Ninguna. Eso sí: el horario es de libre elección. Y es que a veces la vida nos deja elegir. No, no seré prostituta periodística.