¡Grazas a todos!

Preparei este textiño para a entrega de premios do Festival de Cine e Televisión Camino de Santiago. Non me gusta falar en público e non sei se fun quen de ler o que tiña escrito. Aquí queda como mostra de agradecemento a todos os que traballaron para sacar adiante Caminos de Paz.

Boa noite.

A Asociación Galega de Reporteiros Solidarios queda dende hoxe en débeda co Festival e coa Fundación Andrea. Moitas grazas por ter apreciado o noso traballo e por premiar coa Estela Solidaria a Camiños de Paz, un documental producido con ACPP que é froito dun intenso traballo voluntario. Camiños de Paz é unha realidade grazas a colaboración desinteresada de moitas persoas. O meu agradecemento a todas elas, especialmente a Álvaro Ayala e a Natalia Puga.

Recibimos este galardón nun momento durísimo para a coperación. Non só polos tixereitazos dos gobernos, tamén porque a crise é unha escusa perfecta para que os individuos non miremos máis alá. Dende Agareso seguiremos traballando para dar voz a quen está mudo. Como dixo Manuel Rivas, o xornalismo é un conto. Un conto baseado no compromiso coa sociedade, especialmente cos máis desfavorecidos; non os imos  esquecer.

Moitísimas grazas.

Con Alejandro Quiñoá, delegado de ACPP en Galicia.

Con Alejandro Quiñoá, delegado de ACPP en Galicia.

 

Adiós a la sala de chat

Manuel es peruano. Sin empleo, aprovecha el tiempo para estudiar en la Biblioteca pública de Pontevedra. Tiene más de 50 años y escribe listas de vocabulario básico. Casa=home, apunta en un folio. Antes de sentarse y sacar el portátil da los buenos días o las buenas tardes, siempre en bajito para no interrumpir demasiado. En una ocasión coincidimos en la cafetería La Berlinesa y me contó su vida. Quise decirle que pierde el tiempo estudiando inglés pero no lo hice. Le di mucho ánimo y él me deseó mucha suerte, suerte para el resto de mis días.

La sala de estudio de la biblioteca está dividida por estanterías en tres zonas; en dos, la mayoría de la gente se deja los codos sobre libros y apuntes. La tercera es la sala de chat: en ella se reúnen personas que no tienen trabajo y se resguardan del frío y de la lluvia, que se conectan a Facebook durante horas, ven vídeos de Youtube o están en Skype para hablar con los familiares que tienen lejos.

Siempre que puedo, busco sitio lejos de la sala de chat: para deprimirme ya están los periódicos, la radio y España entera. Porque esa zona es un reflejo casi perfecto del país que tenemos: parados de larga duración, personas que no encuentran su lugar aunque lo buscan, gente que ni busca su lugar ni le interesa, licenciados que manosean el último boletín de Ponteemprego, hombres que se sacan los zapatos debajo de la mesa y que dejan ver grandes agujeros en sus calcetines, mujeres que se estiran mientras bostezan, algún estudiante demasiado aplicado que se aísla con tapones y un usuario -siempre el mismo- que se evade devorando el tomo de una enciclopedia.

Durante muchos años estudié en la biblioteca y en los últimos meses he usado las instalaciones como zona de coworking. He presenciado discusiones y he visto a guardias de seguridad arrastrar a usuarios borrachos hasta la puerta; también he sido testigo de la expulsión permanente de jóvenes a quienes las funcionarias sorprendieron robando libros que seguramente no tenían intención de leer. Y he descubierto que no quiero ir más a esa sala de chat, que mejor estaré de visita en la segunda planta (la de préstamos) porque de sus paredes no rezuma la tristeza de este país paralizado.

La segunda planta de la biblioteca está dedicada al préstamo.

Acceso a la segunda planta de la biblioteca.