Adiós a la sala de chat

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Manuel es peruano. Sin empleo, aprovecha el tiempo para estudiar en la Biblioteca pública de Pontevedra. Tiene más de 50 años y escribe listas de vocabulario básico. Casa=home, apunta en un folio. Antes de sentarse y sacar el portátil da los buenos días o las buenas tardes, siempre en bajito para no interrumpir demasiado. En una ocasión coincidimos en la cafetería La Berlinesa y me contó su vida. Quise decirle que pierde el tiempo estudiando inglés pero no lo hice. Le di mucho ánimo y él me deseó mucha suerte, suerte para el resto de mis días.

La sala de estudio de la biblioteca está dividida por estanterías en tres zonas; en dos, la mayoría de la gente se deja los codos sobre libros y apuntes. La tercera es la sala de chat: en ella se reúnen personas que no tienen trabajo y se resguardan del frío y de la lluvia, que se conectan a Facebook durante horas, ven vídeos de Youtube o están en Skype para hablar con los familiares que tienen lejos.

Siempre que puedo, busco sitio lejos de la sala de chat: para deprimirme ya están los periódicos, la radio y España entera. Porque esa zona es un reflejo casi perfecto del país que tenemos: parados de larga duración, personas que no encuentran su lugar aunque lo buscan, gente que ni busca su lugar ni le interesa, licenciados que manosean el último boletín de Ponteemprego, hombres que se sacan los zapatos debajo de la mesa y que dejan ver grandes agujeros en sus calcetines, mujeres que se estiran mientras bostezan, algún estudiante demasiado aplicado que se aísla con tapones y un usuario -siempre el mismo- que se evade devorando el tomo de una enciclopedia.

Durante muchos años estudié en la biblioteca y en los últimos meses he usado las instalaciones como zona de coworking. He presenciado discusiones y he visto a guardias de seguridad arrastrar a usuarios borrachos hasta la puerta; también he sido testigo de la expulsión permanente de jóvenes a quienes las funcionarias sorprendieron robando libros que seguramente no tenían intención de leer. Y he descubierto que no quiero ir más a esa sala de chat, que mejor estaré de visita en la segunda planta (la de préstamos) porque de sus paredes no rezuma la tristeza de este país paralizado.

La segunda planta de la biblioteca está dedicada al préstamo.

Acceso a la segunda planta de la biblioteca.

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luisaperezpuga

 

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